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Hoy escribo este artículo inspirada en varias de las preguntas que constantemente me comparten en los talleres de comunicación profesional que dicto.

«Mariela, ¿qué puedo hacer cuando las personas con las que trabajo son tan cerradas?»

«Mi jefa es una persona cuadrada que se cree la dueña de la verdad y no sé como compartir mis ideas»

«¿Para qué voy a intentar expresar mi punto de vista, si de todas forma el jefe del equipo no escucha a nadie»

«Mariela mi jefe es de las personas que necesita llevarse todo el crédito y aunque las ideas son mías, él solo resalta lo que yo me equivoco»

Y ejemplos como estos podría presentarte varios más, pero creo que entiendes el punto.

¿Qué hacer cuando tengo que trabajar con personas difíciles?

En estas palabras te voy a ayudar a lograrlo.

Pero también te voy a invitar a reflexionar sobre la percepción que tú mantienes sobre las personas que nos rodean.

 

La comunicación con personas difíciles

Tenemos que tener en cuenta que la mayoría de los problemas en las relaciones se dan por problemas de percepción.

Malos entendidos que creemos que son ocasionados por nuestros problemas de comunicación.

Pero seamos sinceras…

¿A dónde pensabas que te iban a llevar todas esas etiquetas que pones en las personas que te rodean?

Imagina que llegas a una reunión importante con unos nuevos asociados, o nuevos clientes y que al entrar en la reunión descubres de una de las integrantes es esa conocida del colegio que te caía pésimo.

¿Cómo va a ser tu actitud y disposición en esa reunión?

Imaginemos que tienes un jefe con el que has tenido varios inconvenientes porque no acepta tus ideas o no reconoce tu valor. Es evidente que ya estás cansada de ello (tú y cualquiera lo estaría).

Tienen programada la reunión de estrategia para el segundo y aunque vas a presentar tus ideas, lo haces renegando que será como siempre y que nada de lo que tú digas será considerado.

Y entonces ocurre…

Lo mismo de siempre. La misma dinámica, la presentación y la negativa.

Todo tal y como tú sabías que iba a pasar.

¡Pero claro!

Si ya fuiste programada a ello y además replicaste lo mismo que antes no te dio resultados.

¿Cómo ibas entonces a esperar que algo fuese diferente si tú hiciste lo mismo y además te programaste para ese resultado?

Imposible.

Pues bien, comprendo y lastimosamente vamos a seguir enfrentándonos a personas difíciles en nuestra vida laboral, pero la verdad es que con seguridad tú también eres una persona difícil para alguien.

Y está bien, no te apasiones por ello.

Más bien, descubre cómo mejorar esa comunicación y obtener resultados productivos porque eso es lo único importante.

Como ya lo sabes muy bien, las circunstancias no van a cambiar, lo único que puede cambiar es cómo enfrentas tú a esas circunstancias.

Así que vamos a trabajar en ello.

 

Eliminar los prejuicios en cada oportunidad

Si los prejuicios limitan nuestro nivel de confianza y apertura hacia las personas que encontramos en nuestro camino profesional, afectan también la construcción de la relación a largo plazo.

Cada encuentro es una oportunidad de para establecer una dinámica de conversación diferente así que el primer paso para mejorar tu comunicación con personas difíciles es liberarte de los prejuicios que ya tienes hacia ellos.

Es necesario que superes esa percepción inicial y dejes de pensar en el prejuicio que tienes hacia esa persona

¿Cómo hacerlo?

Define cada encuentro como una oportunidad para construir. Puedes pensar en mejores resultados, más productividad, cambios de estructura, etc. Lo que tú requieras para tu área de trabajo.

Y acude a esa reunión con una actitud abierta y comprometida a alcanzar un solo objetivo.

Esa persona ‘difícil’ no tiene que caerte bien, tiene que ser una buena herramienta para alcanzar el objetivo propuesto.

Tu compromiso es prepararte a cada encuentro dispuesta a dar la mejor impresión y a percibir la mejor impresión del otro.

El objetivo es trabajar en conjunto así que tienes la obligación de trascender las emociones que te llevan a creer que no es posible trabajar con esa persona y concentrarte en obtener lo mejor de ellos.

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Eliminar la etiqueta de «difícil» del otro

El ambiente laboral requiere de madurez emocional y de concentración en objetivos claros.

Los chismes, sentimentalismos o esa inconsciente necesidad de llenar vacíos personales en horario de oficina no están aceptados.

Así que si el día de hoy tienes en mente a esa compañera, colega o jefe ‘difícil’, entonces es momento de eliminar esta etiqueta del otro.

Vale la pena reflexionar y preguntarte si estás juzgando a esta persona por su comportamiento o por su personalidad.

Y de igual forma, es valioso aclarar si al etiquetarlo de difícil estás viendo a la persona o si la estás juzgando en base a tus emociones, inseguridades y vacíos.

Ten en cuenta que tu percepción nace de tu mundo interior y en la mayoría de las veces refleja más tus propias necesidades que los comportamientos del resto.

Recuerda que la mayoría de los problemas en las relaciones son problemas de percepción.

Abre tu mente a establecer una nueva etiqueta sobre esta persona y asegúrate de definirla en función del aporte que da al trabajo que realizan juntos.

Así sea solo una firma, o la entrega de información valiosa, o del área técnica, etc.

La etiqueta con la que quieres definir a tus colegas o jefes debe ser acorde al valor que aporta al trabajo que realizan

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Cómo cambiar la relación con esas personas difíciles en el trabajo

La solución no suele ser la favorita de todos pero te aseguro que es efectiva.

La misión está en concentrarse en aprender algo de ellos.

Sí, siempre hay algo que podemos aprender.

Admirar algo específico del trabajo que realizan, aprender sobre lo que les sirve para mejorar su desempeño, o aprender incluso cómo no quieres responder a determinadas situaciones.

La clave está en permitirte ver a esas personas como herramientas de trabajo. Reconocerlos por sus fortalezas y habilidades laborales, conocer de su trabajo y del porqué toman las decisiones que toman.

Aprender de la situación y escoger responder a ella de una forma diferente.

¡Pero atenta!

Para que esto funcione tú debes desarrollar la capacidad de restarle poder a esta persona y al malestar que pueda significarte.

Eso significa dejar de contaminar todas las conversaciones hablando de ello, dejar de llenar el espacio en tu hogar con este tema y reducir al mínimo cualquier comentario sobre la persona.

Tu concentración ahora está en expresarte únicamente desde el punto de vista de trabajo, del valor que esta persona aporte al objetivo que comparten.

 

Muchos saludos

– Mariela Sánchez