Hay cientos de circunstancias en la vida en la que queremos renunciar.

Renunciar a un trabajo

Acabar con una relación

Olvidar un sueño

Pero no lo hacemos porque no queremos vivir las consecuencias de ese abandono.

«¿Cómo renunciar si ya has trabajado tanto por ello?»

«¿Por qué rendirte a mitad de camino?»

Y aunque en la mayoría de los casos yo te impulsaría y sugeriría seguir adelante, intentarlo con más ganas y luchar por ese objetivo;

hoy quiero decirte que renunciar no es fracasar.

El este artículo quiero hablarte de esas veces en las que está bien (y es necesario) hacer una pausa.

Quiero que pierdas el miedo a dar un paso hacia atrás cuando es necesario.

Quiero cambiar tu perspectiva y que en lugar de mantenerte enfrascada, te atrevas a ver desde otra perspectiva.

¿Cuándo es necesario renunciar?

¿Por qué renunciar no es fracasar?

¿Qué ventajas tiene decidir cambiar de rumbo?

Todo esto te lo comentaré a continuación.

 

¿Cuándo es necesario renunciar?

 

Imagina lo siguiente:

Imagina que tomaste una decisión con la que en realidad no te sientes muy conforme.

Es más, no dejas de visualizar cómo sería si hubieses decidido algo diferente.

A veces te sientes fuerte y te convences a ti misma que fue la mejor decisión.

Y otras veces, te aprieta el pecho de la angustia y se te llenan los ojos de lágrimas de resignación.

Una parte de ti quisiera abandonarlo todo, renunciar y acabar con esa idea de una vez por todas.

Y otra parte de ti tiene miedo de perderse algo, de fallar a otros, de parecer inconsistente.

Pues te diré algo;

Ningún camino está marcado de por vida, tú eres quien decide por dónde quiere ir.

Y lo mejor de todo es que el resultado siempre llegará a sorprenderte.

Te daré algunos ejemplos:

 

¿Cuándo es necesario renunciar a un trabajo?

 

Imaginemos que estás en un trabajo que te costó mucho esfuerzo conseguir.

O que se trata de un trabajo que muchos otros rogarían tener.

Pero hay un problema

Tú no eres verdaderamente feliz en ese trabajo.

Y no se trata de un capricho. Ni hablamos de felicidades absolutas.

Ya lo has intentado, todos los días vas al trabajo con buena actitud y regresas desecha por dentro.

Hablar de los beneficios que representa trabajar ahí intentando convencerte a ti misma de que es una buena decisión.

Pero tú sabes que no es así.

Esa horrible presión en el pecho te aplasta.

Te culpas por ser inestable, desagradecida y débil.

Pero al mismo tiempo te repites a ti misma que debe haber algo mejor para ti.

Y con «mejor» no me refiero a un excelente sueldo, más vacaciones, más reconocimientos, ni nada por el estilo.

Con «mejor» me refiero a tener un trabajo que te permita tener satisfacción con la vida que diariamente construyes.

Quizá es porque la empresa va en contra de tus principios de vida.

O quizá es porque no te estás desarrollando en el camino que soñaste.

Incluso puede ser porque permanecer ahí te hace sentir que te fallas a ti misma.

Sea cual sea la lucha interna que estás viviendo,

muchas veces renunciar es darte la mejor oportunidad que necesitas para ver todo en perspectiva.

 

¿Cuándo es necesario renunciar a una relación?

 

Con las relaciones es igual. Relaciones amorosas o de amistad.

Empezaste esa relación con una idea en mente.

Viviste cientos de experiencias positivas.

Pero paralelamente viviste difíciles realidades.

Pero bueno,
¿Acaso no todos tenemos problemas?

Por supuesto que sí!

Y en toda relación esos problemas deben ser enfrentados y superados.

Pero cuando esa relación se mantiene únicamente porque ya se ha luchado bastante, o por miedo a la soledad, o por costumbre, vale la pena pensarlo bien.

Recuerda siempre esto:

Nada justifica fallarte a ti misma

Y tú muy bien sabes cuando una relación no es positiva para ti.

En tu corazón sientes cuando algo no está bien.

Así que no tengas más miedo, no temas a la soledad y no justifiques relaciones en las que sabes que no eres feliz.

Lo mejor que puedes hacer por ti misma es darte la oportunidad de ser feliz.

Incluso si eso significa separarte de aquello que tanto has defendido en el pasado.

 

¿Cuándo es necesario renunciar a un sueño?

 

Todo sueño tiene la alternativa de ser un gran motivador o ser la presión más grande al hundirte.

Podríamos hablar del sueño de realizar un viaje por el que te concentras en generar más ingresos y mejorar tu capacidad de ahorro.

O un viaje por el que te endeudas en condiciones desfavorables.

Podría tratarse de mostrar la apariencia perfecta y en el camino olvidar qué es lo verdaderamente importante

Y claro,
también está cualquier sueño de emprendimiento que aunque en teoría parece ideal, en la práctica te está consumiendo.

En cualquiera de estas situaciones la esperanza del resultado positivo alimenta tu sueño

Entonces caes en la tentación de hablar de la buena idea que representa aunque internamente sabes que te estás engañando a ti misma.

Y es que incluso, si se trata de un sueño, renunciar no es fracasar.

Renunciar a tu sueño no significa que tu motivación acaba, ni tampoco significa que nada más volverá a tener sentido.

Lo único que significa es que decides ver que no existe un solo camino.

Significa que eres consciente de que lo más importante de alcanzar tu sueño es únicamente sentirte satisfecha con la vida que diariamente construyes.

Tu vida no puede nunca ser el precio de cumplir un sueño.

 

¿Por qué renunciar no es fracasar?

 

Debo hacer una aclaración

Renunciar no significa fracasar en aquellas circunstancias en las que al hacerlo te concentras en algo mejor.

No me refiero a deambular por la vida cambiando continuamente de opinión.

Ni tampoco aceptaré que justifiques tu mala actitud y falta de compromiso buscando renunciar ante cualquier desafío que se te presenta.

No.

Renunciar fácilmente a todo afirmando que es muy «duro, difícil, diferente, etc» es muy posiblemente fracasar.

Y aquí no estamos para apoyar pensamientos mediocres.

El objetivo de este artículo es que realices una auto reflexión sobre el precio de algunas de tus decisiones.

Quiero que te asegures que no estás pagando tus decisiones con tu propia vida.

Y es que no renunciar no es fracasar cuando al hacerlo te permites más.

Quiero que al hacerlo no te sentencies con la estampa de «fracaso», sino que decidas más.

Amplía tu perspectiva, busca nuevas metas, descubre caminos diferentes.

Haz lo que sea necesario hacer para respetar tus principios de vida.

Y toma tus decisiones respetando tu empoderamiento.

«Una mujer empoderada es una mujer que se siente satisfecha consigo misma y con la vida que diariamente construye»

Mariela Sánchez

 

Ten en cuenta que muchas veces solo renunciando a lo que te detiene, eres capaz de volar más alto.

¿Qué ventajas tienes decidir cambiar de rumbo?

 

Como te lo dije al inicio, ningún camino es fijo y tú eres la única capaz de decidir el recorrido por el cual quieres ir.

Cambiar de rumbo te obliga a salir del núcleo en el que estés sumergida y ampliar tu perspectiva.

Renunciar a otros te permite reconectarte contigo misma y recordar lo que para ti es verdaderamente importante.

Y claro, decidir un cambio requiere que tomes el control de tu vida y que seas la única dueña de tus decisiones.

Así que cambiar responsablemente de rumbo se convierte en una oportunidad de conversar contigo misma.

– Preguntarte qué es lo que de verdad quieres.

– Decidir más allá de las presiones sociales o expectativas de otros.

– Y tomarte de la mano como tu mejor aliada para construir el bienestar que deseas.

Así que es momento de reflexionar.

¿Tus decisiones construyen bienestar o te están hundiendo?

 

Confía en ti misma.

Libérate de cualquier presión externa y asegúrate de que las decisiones que tomes aporten a tu objetivo más importante:

Sentirte bien contigo misma y con la vida que diariamente construyes.

Recuerda que lo mejor que puedes dar y hacer por quienes amas es ser feliz, estar bien y sentirte orgullosa de ti misma.

Así que si estás en una situación en la que no te atreves a renunciar a lo que te detiene, es indispensable decidir cuándo vas a serte fiel a ti misma.

Hasta pronto!

Mariela.